El matrimonio sacerdotal

Mucha gente opina que es conveniente el matrimonio de los curas para que puedan hablar con propiedad del matrimonio, pienso que incluye varias confusiones que merecería aclarar. El matrimonio es una institución de múltiples dimensiones —antropológica, afectiva, familiar, social, jurídica, etc.— y también sagrada. El sacerdote debe enseñar su valor y propiedades, desde el punto de vista moral y cultual, no necesariamente tiene que ser un experto en todos los demás campos.

Los sacerdotes, como pastores, lo que han de conocer bien es el camino de la salvación y conducir por él, con su ejemplo y su enseñanza, a los fieles. El camino es Cristo. La fe y la moral de Jesucristo iluminan todas las realidades humanas y en particular el matrimonio y la familia. El sacerdote no necesita ser casado para hablar de la moral del matrimonio, como no necesita ser empresario para hablar de justicia social, o ser periodista para hablar de los derechos y deberes de la comunicación. Lo que sí necesita es conocer los mandamientos que guían la conducta humana honesta y acompañar a todos con la comprensión y la amable exigencia de la salvación que se funda en Jesucristo.

Otra cosa es que los fieles de la Iglesia casados —hombres y mujeres—, puedan y deban aportar su experiencia y enseñanza para completar y enriquecer ese acompañamiento pastoral que contribuye a una mejor preparación para el matrimonio o a superar las pruebas que la vida pueda presentar a la pareja matrimonial. La opinión de que el sacerdote sea casado, que sea empresario, que sea obrero o que sea, en fin, experto en todo, me parece que adolece en el fondo de un clericalismo superado.

El sacerdote es necesario como sacerdote y, en la Iglesia Católica, desde hace muchos siglos, se ha visto el celibato como muy conforme a su misión. No es necesario que desempeñe otras funciones, ya que los laicos son también miembros activos de la misma Iglesia y, con la debida distinción, cada quien cumple su papel, resultando un conjunto armónico y eficaz, como en el cuerpo humano. La comparación, por cierto, es de San Pablo: Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato? Dios dispuso cada uno de los miembros en el cuerpo como quiso. Si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Ciertamente muchos son los miembros, pero uno sólo es el cuerpo. (…) Y Dios dispuso así en la Iglesia… (1 Corintios 12, 17-20  y 28)

Miembro del Opus Dei

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