Misiones educativas

Admitámoslo. Seamos honestos: es posible que el desprestigio de la noción de misión se deba a una feroz campaña mediática originada en los nauseabundos sótanos de la inteligencia imperial. Puede ser. Pero lo que vamos sabiendo de las misiones por diversas vías, la mayoría de ellas oficiales, va indicando la pérdida de virtudes de esta particular forma de gobernar lo social y lo educativo,  poniendo acento publicitario en mitigar la exclusión social. 

Dos tipos de señales producen las misiones: carne de propaganda electoral en boca del Presidente y el alto funcionariado y evidencias de deterioro en sus resultados. Se abre la brecha entre las expectativas levantadas cuando se crearon las distintas misiones que conocemos y las realidades, reales, esas que se muestran en el largo plazo en los sistemas de información del Estado y los organismos internacionales.

Nadie puede alegrarse de la distancia entre las promesas y los hechos. Duele más bien, que con tanto dinero se hayan traicionado de nuevo las expectativas de quienes necesitan de la mano amiga del Estado para salir adelante. Todos reconocemos las bondades de las misiones como propósito, lo que molesta es el fraude para la esperanza popular. Que han sido eficientes sólo para cimentar el prestigio personal del Presidente y a veces para ganar elecciones. 

Hizo daño al país lo que Eliécer Otaiza dijo, que en seis semanas se habían alfabetizado 600.000 personas, eso el mismo año 2003,  cuando el Presidente inventó las misiones ante la posibilidad de perder el torneo electoral del momento. A principios de enero 2004, Aristóbulo registró solemnemente  que 1.001.000 en la Memoria y Cuenta del Ministerio.  En  junio de 2004 el Presidente le dijo al país que se habían alfabetizado más de 1.500.000 y el 28 de Octubre de 2005 se montó una mega fiesta con invitados internacionales para informarle al mundo la ruptura de todos los records históricos de alfabetización: 1.530.000.  Ahora el Ministro Navarro tan ducho en ciencia pedagógica,  nos dice: (…) “Un millón 650 mil compatriotas han culminado la primera etapa de su educación gracias a la Misión Robinson. Estas personas nunca habían tenido la oportunidad, ni el acceso a la educación. Ahora saben leer y escribir”. 

La inteligencia del venezolano merece un mejor tratamiento comunicacional. Queremos pruebas. Listas de personas alfabetizadas como esas que llenan los periódicos en tiempos electorales con beneficiarios de becas, o la lista de Tascón o la de Russian. Con nombres, apellidos, cédula y señas que permitan a los interesados entrevistar a los alfabetizados. Aprender de la experiencia viva, para que en el futuro lo hagamos mejor, cuando tengamos que emprender campañas de pedagogía compensatoria para superar  el efecto del descuido actual  con la educación de las niñas y niños que están naciendo en los poblamientos jóvenes.

http://memoriaeducativa.blogspot.com
Investigador de la UCV

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