Con el universo a los pies
Por Andreína Gil el 18 de Julio, 2008 en Edición 110, Miss Universo 2008
Dayana Mendoza, de la pasarela al éxito
A los 15 años comenzó a escribir su historia. Habla cuatro idiomas. Se hizo dos cirugías. Practica el surfing, le gusta el chocolate y tiene como meta difundir el mensaje de la antiviolencia, luego de ser víctima de un secuestro express. Así es nuestra Miss Universo.
En los últimos dos años de la vida de Dayana Sabrina Mendoza Moncada todo tiene la marca del vértigo, como si fuese una cinta de video que se adelanta y retrocede más rápidamente de lo normal, con escenas de llanto, alegría, miedo y expectativa. Se le ve en todas las imágenes, eso sí, deslumbrante, bella, florecida. Cerremos los ojos. Dayana fuma, práctica el surfing, come sin control, sonríe, deslumbra en las pasarelas del mundo dejando su sello de autenticidad.
Mediados de 2007. A las 10:10 de la noche de un domingo cualquiera, Mendoza sale del cine de la mano de su novio, Daniel Cesarí. Se embarcan en una camioneta último modelo y se desplazan, por la Cota Mil de Caracas. Se dirigen a la casa de ella. Hablan de la película que acaban de ver cuando, de improviso, un vehículo los intercepta, dos hombres armados se bajan, los obligan a detenerse y se montan en la camioneta. Así comienza el mayor calvario de su vida.
Los delincuentes, al propio estilo de la película Secuestro Express, comienzan a ruletearlos por la capital profiriendo insultos y amenazas. Ella, instada por su novio, luchó por no desesperarse, por guardar la calma. Varias horas después, tras ser despojados del dinero de sus tarjetas, la camioneta y algunas pertenencias de valor, fueron abandonados en la autopista Francisco Fajardo.
Entonces vemos a Dayana llorando inconsolable, pensando que se había equivocado, que su regreso a Venezuela para participar en el Miss Venezuela había sido un error. Pero no sería así. Ella se prometió, de lograr sus metas, transmitir un mensaje de paz en el planeta.
No pasaron dos meses de este episodio, cuando la noche del 13 de septiembre, su amiga, Ly Jonaitis, la misma que le sugirió venirse de Milán, Italia, para participar en el Miss Venezuela, le entregara la corona en un marco de aplausos y luces, en el Poliedro de Caracas. La Miss Amazonas comenzaba a despuntar.
NhaTrang, Vietnam. Domingo 13 de julio. El color verde de los ojos de Dayana lo ilumina todo, tanto o más que su sonrisa. Su rostro es el de un ángel con rímel húmedo por las lágrimas. El universo está a sus pies. Hace poco menos de 20 minutos acaba de recibir la corona de manos de la japonesa Riyo Mori. Comienza la rueda de prensa. En ese momento, en la cúspide de la felicidad, recuerda lo que vivió en su ciudad natal. Narra que fue víctima de un secuestro express, que en esas circunstancias aprendió a mantener la calma. “Quiero levantar mi voz y decirle al mundo que la violencia no es la respuesta”, afirmó.
Independiente
Todo comenzó a los 15 años, tras graduarse de bachiller. En plena adolescencia les demostró a sus padres, desde la distancia, tener la suficiente madurez y responsabilidad para asumir una carrera como modelo, luego de ser descubierta por el agente Alexander Gittings. Decidió irse a los EE UU, sin saber inglés, aunque llena de sueños. “Eso fue clave para forjarme”, cuenta.
Desde muy joven enseñó el temple de luchadora y emprendedora que caracteriza a la mujer venezolana. Lejos de su familia y del calor del hogar, mostró tener ímpetu y fortaleza, a pesar de ser tan joven, y de esa forma consiguió ser una modelo profesional con estampa de top model, al punto que hoy habla italiano, inglés, francés y español.
A sus 22 años es Miss Universo. Logró cumplir su principal reto, acabar con la sequía de reinas venezolanas. Sus amigas recuerdan que era el dolor de cabeza de Osmel Sousa en vísperas del Miss Venezuela. A diferencia del resto, luego de ser convencida por “El zar de la belleza”, su participación más que un anhelo, era un reto despreocupado. Cuentan que nunca tuvo máscaras, que fue ella misma y su derroche de fastuosidad.
Su participación en el certamen nacional se la propuso Osmel, luego que Jonaitis le diera un primer impulso, en un desfile de Giovani Scutaro, sin embargo, sus padres afirman que Dayana no quería ser Miss Venezuela por la fama de frivolidad que tiene el consurso.
Por su sangre corren raíces andinas.Sus padres son oriundos de San Cristóbal, estado Táchira. De niña solía disfrutar de la compañía de sus primos en casa de sus abuelos. Era una pequeña sumisa y obediente, de buen carácter y muy familiar.
“Estoy trabajando con Dayana desde que ella tenía 12 años. Tiene una personalidad muy fuerte, es una niña aguerrida, porque le ha tocado defenderse sola ante varias situaciones. Ha ido de país en país asumiendo responsabilidades y gastos y se ha hecho muy independiente”, dijo Daniel Deibis, maquillador y fotógrafo.
Esculpiendo a una reina
A pesar de tener una estatura de 1.76 centímetros su apariencia es delicada y menuda. Es delgada y estilizada. Sus senos son producto del quirófano. Se los aumentó para cubrir con las exigencias del certamen y también se hizo un retoque para perfilar la punta de su nariz. El resto de su fisionomía es natural, sus medidas son casi perfectas (90, 61, 90).
“Hubo necesidad de hacerle un retoque a Dayana para el Miss Universo. Se le hicieron dos cosas: la punta de la nariz porque cuando ella sonreía se le bajaba la puntica, porque le faltaba cartílago. Y le hicieron busto, porque Dayana era extremadamente plana”.
La revelación de Deibis, publicada por Versión Final en la pasada edición, llegó a España. El diario El País, el más importante periódico de habla hispana del planeta, la reseñó junto con la reacción de Miss España, Claudia Moro, quien no tiene ninguna operación en su cuerpo y quedó en el cuadro de diez finalistas.
“Yo sabía que las operaciones de estética estaban permitidas, y por ello acepto que se hayan sometido a ellas. Ha ganado por algo más que la cirugía plástica”. Es verdad. Dayana se comió el escenario.
Y es que la venezolana ha probado, por donde pasa, las mieles del triunfo. Los éxitos le llegaron desde los 16 años, cuando clasificó como primera finalista en el concurso internacional Elitt Model, que organiza la agencia de modelos Elitt, en Estados Unidos. Después de esa experiencia pasó a formar parte de la agencia y comienza su recorrido por el mundo.
Su camino se fue abriendo con pasos firmes, tal y como los da sobre las pasarelas. Se convirtió en imagen de importantes marcas internacionales y se mostró imponente en las pasarelas de Milán, Paris y Nueva York.
Dentro del concurso se encontró con un modelaje diferente y le costó caminar como una miss. Sin embargo, la experiencia fue muy buena para ella.
El mar es otra de sus pasiones, así como el surfing. Es una joven normal que vive y disfruta de la naturaleza. No tiene ínfulas de diva, vive la cotidianidad que la rodea y disfruta mucho de su vida.
En esta oportunidad, y a 17 mil 718 kilómetros de distancia de su país natal, logró dar un paso hacia la gloria, esa que ha venido labrando en una pasarela llena de éxitos. Y ya puede estar tranquila, pues tiene al universo a sus pies.
A futuro
Estabilizar y expandir su carrera fue la intención de participar en el Miss Venezuela. En el exterior, las modelos a los 24 años se consideran viejas y las carreras de las modelos profesionales son relativamente cortas. Pero al resultar la representante de la belleza universal le espera un año de grandes compromisos y promociones que ya comenzó a sumir al residenciarse en New York.
Mujer Profesional
Dentro de su profesionalismo resalta su carácter fuerte. Siempre se ha sido muy estricta en lo profesional y exige lo mismo de sus compañeros de trabajo. Llega 10 minutos antes de la hora pautada, le molesta la impuntualidad y que la hagan esperar. Admira al luchador hindú Gandhi, a quien hubiese querido conocer.









Disculpa, los comentarios para esta entrada están cerrados.