¿Milagro educativo?
Por Luis Bravo Jáuregui el 4 de Julio, 2008 en Opinión
La educación venezolana está cambiando. Poco a poco. Todavía muy despacito… pero sostenidamente. Estamos pasando de una gestión y política pública de la educación, avasallante, aplastante, que le impuso al país la idea de milagro educativo, a una nueva situación en la que eso empieza a tener contrapeso. Ya la gente no se traga con tanta facilidad la idea de que la deuda educativa con el país más necesitado está pagada. Ahora es más difícil que las arbitrariedades pasen con tanta facilidad. El reculón ocurrido con el diseño curricular lo demuestra largamente.
Están surgiendo proyectos pedagógicos diversos y núcleos de opinión pública que cuestionan severamente la imposición de una matriz de opinión pública según la cual en educación este Gobierno sí ha cumplido. Una buena parte del pueblo ha comprado la idea, le cree al Presidente cuando afirma que él ha logrado un verdadero milagro educativo. Pero todos los días aparecen evidencias de que los éxitos voceados no pasan de ser puro encandilamiento, artilugios comunicativos. Y en consecuencia, gana espacio el reconocimiento de que el mismo proyecto hegemónico que no ha sido capaz de invertir sensatamente la renta petrolera en vivienda, salud o seguridad ciudadana, tampoco lo es en educación.
Lo que sí es posible reconocerle a este proceso histórico, es que ha propiciado una polémica en torno a la educación, que si bien no la ha mejorado, sí la ha colocado en los primeros planos de la vida pública que hemos tenido desde 1999. No tenemos mejores escuelas, ni a los excluidos de siempre incorporados al tejido escolar de calidad, pero sí tenemos mucha más gente, o defendiendo en los medios la obra pedagógica del gobierno, o criticándola. Cosa que no está mal, pero es insuficiente. Hay que hablar de educación y sus sinsabores, pero hay que retar la imaginación para ver cómo salimos es esta ciénaga en que estamos metidos. Pasar de la crítica a la construcción serena de opciones democráticas para un mejor gobierno del inmenso educativo. Inventar un mecanismo confiable para que el país no siga creyendo en los pajaritos preñados del milagro educativo que se dibuja en Aló Presidente. Eso sí, sin matar la esperanza de un futuro mejor para nuestra educación. Sin matar la posibilidad de crear puentes de coincidencia con quienes en el Gobierno aspiran a definir un mejor destino para la educación y el país.
Es que en educación no hay milagros. Menos en materia de educación popular, que es lo que más preocupa cuando queremos que se acelere el reconocimiento público de que lo que tenemos en materia educativa es más farsa que genuino progreso educativo. De 1999 hasta hoy no hay milagro educativo, lo que hay es una parodia muy bien montada. Lo que hemos tenido es una gestión y política pública de la educación prepotente, errática y exageradamente pegada a los intereses del ambicioso proyecto personal de nuestro Presidente. Y eso tiene que cambiar. Los venezolanos preocupados y ocupados por el destino del país y su educación debemos arreciar la voz de la denuncia y de la crítica creativa. Tenemos que encontrar los espacios políticos que unan y continuar la búsqueda de una senda pedagógica que permita de una vez por todas mejorar el tipo de educación que somos capaces de garantizarle al país que merecemos.
http://memoriaeducativa.blogspot.com
Investigador de la Escuela de Educación de la UCV.



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