El asesinato de la memoria de América latina
Por Fernando Báez el 20 de Junio, 2008 en Opinión
“Es importante no olvidar que uno ha olvidado”, decía mi padre, que fue colaborador del novelista Rómulo Gallegos y tuvo que pasar en silencio años de la vida pública que casi no tuvo para no ser otra de las víctimas de un dictador venezolano. Ciertamente, yo entendí todo el sentido de esa frase la austera noche del 11 de septiembre del año 2004, cuando visité las amplias calles que circunscriben el Zócalo, en México, y las encontré desbordadas por la aparición precipitada y exótica de turistas.
“No vas a encontrar un lugar más extraño”, dijo junto a mí el escritor Rafael Toriz, en un tono seco y continuó: “Aquí todo está escondido y lo evidente es falso”. Sin embargo, estaba a punto de preguntarle algo, cuando miré la robusta, antigua y barroca fachada de la Catedral Metropolitana, primer monumento religioso de América Latina. Raquel Peguero, periodista que me acompañaba, comentó que la iglesia había sido construida con materiales procedentes del Templo Mayor de una ciudad azteca que había existido debajo de nosotros en siglos anteriores, llamada Tenochtitlán, que dominó Mesoamérica y tuvo más habitantes que París en el siglo XIV.
Recuerdo aún mis pasos cautelosos por los alrededores y mi sorpresa ante las ruinas, mi asombro cuando escuché decir que la capital azteca fue fundada inicialmente en 1325, sobre la isla de un lago, al que hubo que ganarle terreno con pilotes del árbol de huejote, con piedra volcánica y tezontle. Como Venecia, Tenochtitlán venció parcialmente a las aguas y en sus orillas se establecieron decenas de poblados.
No puedo imaginar una catedral cristiana construida sobre las pirámides de Egipto o sobre la Esfinge, no estimo creíble que se hubiera podido edificar una iglesia anglicana sobre Stonehenge, no concibo que se pudiera construir una capilla sobre el Partenón o sobre Angkor Vat, pero eso fue justo lo que sucedió en México en el siglo XVI.
Entre la amnesia, la memoria traumática y el dolor por la exclusión incesante, la historia de América Latina es, por esto que digo y por lo que callo, un palimpsesto enigmático. Los latinoamericanos saben que todo futuro tiene la forma de una eterna emboscada de silencios.
Director de la Biblioteca Nacional



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