La nostalgia del Bronx

El juego perfecto

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En este pueblo de ocho millones de historias llamado Nueva York, esta temporada ha sido extraña para quienes apoyan a un club de béisbol que lleva por nombre los Yankees.

En el Bronx la exigencia es el lema en condiciones normales. Los Yankees se exigen ganar la Serie Mundial; los jugadores se exigen rendir por estar con los Yankees; los fanáticos exigen que el equipo gane y sea ejemplo de lo mejor; la prensa exige que el club sea competitivo y abierto; los dueños exigen victorias y dividendos. Es una guerra de exigencias. Así ha sido la vida de este club desde la llegada de Babe Ruth en 1920. Ese hombre que inyectó en estos predios el concepto de exigencia en el mayor alcance.

Pero este año, esas exigencias han sido un poco flexibles.

Cada juego de los Yankees, especialmente de local, está cargado de una extraña nostalgia en el ambiente. Cada una de las personas presentes en cada juego sabe que cada lanzamiento es una cuenta regresiva al final de un edificio cuyo significado va mucho más allá de un simple lugar donde se juega pelota. Yankee Stadium es un templo.

Es como una muerte anunciada, donde todos sufren a medida que la enfermedad avanza. Es inminente. Es doloroso. Es difícil de entender cómo puede existir un sentimiento hacia un lugar.

“Este lugar es como parte de nuestra casa”, dice Ismael Colón, quien desde hace 22 años se desempeña como acomodador de los fanáticos en la tribuna de la primera base en Yankee Stadium.

“Se siente de verdad como si llegaran a tu casa y te dijeran que van a tumbar un cuarto, o la sala. A pesar de que sabes que vas a tener una nueva, recuerdas todos los momentos de tu vida que pasaste ahí”, apunta con nostalgia este puertorriqueño de 69 años. 

Colón recuerda grandes historias: “Yo he vivido por más de 40 años en el Grand Concourse del Bronx, y solía ver caminando hacia el parque a los jugadores que vivían por acá”.

“De cada rato -agrega- me topaba con Mickey Mantle, quien después de almorzar en algún lugar cercano se iba a descansar al clubhouse antes del juego y en la noche escuchabas los gritos que venían del estadio por alguno de sus jonrones. ¿Cómo se olvida eso?”.

Los recuerdos en un lugar no se borran fácilmente con el tiempo.

Recientemente experimenté en Inglaterra el lamento vivo de los londinenses sobre el mítico Wembley Stadium, que abrió sus puertas en 1923 (casualmente el mismo año que Yankee Stadium). 

El nuevo Wembley se construyó en el mismo lugar del original, pero los ingleses, atónitos con su moderno diseño y servicios, lo consideran como una “copia cara y falsa” del lugar donde vieron los grandes triunfos de su selección de fútbol y los más grandes conciertos en la historia de la música popular del mundo. No están contentos con este megapalacio del deporte.

De hecho, la obra musical de teatro “We Will Rock You!”, (actualmente en función por sexto año consecutivo en el Dominion Theater de Londres) basada en los éxitos de la banda Queen, refleja en todo momento el recuerdo latente por el edificio donde los ingleses cantaban hasta quedarse sin voz “We are the Champions” acompañando la voz de Freddy Mercury.

En México, por ejemplo, la vida y esencia del béisbol en la capital murió con la demolición del parque del Seguro Social (parque Delta en el pasado) en el año 2000. 

Hoy los Diablos Rojos juegan en el Foro Sol, un parque de béisbol adaptado dentro de una pista de automovilismo. No existe un fanático mexicano que no lamente hoy la pérdida del lugar donde se vivía la rivalidad entre Diablos Rojos y Tigres a su máxima expresión.

En Flushing ha pasado lo contrario. El cierre del Shea Stadium ha sido traducido como una gran fiesta de espera para la apertura del Citi Field. Irónicamente uno de los factores que más llama la atención de los residentes de la zona por la apertura del nuevo parque, es su diseño que rememora al Ebbets Field, el antiguo estadio que fue la casa de los Dodgers, hasta su mudanza a Los Ángeles en 1958.

Ebbets es sin duda el parque más recordado y con las historias más nostálgicas entre los aficionados. Es por esto que los Mets se han visto obligados a intentar recrear sus espacios. Aún después de 50 años la zona de Brooklyn no perdona la mudanza de los Dodgers y la demolición del parque en 1960.

De regreso al Bronx y al caso del Yankee Stadium, sin duda que su cierre dejará una honda herida no sólo a los fanáticos de los Yankees, sino a todos los aficionados al béisbol y el deporte en general. 

Incluso, los Yankees están actualmente en un eterno trance. Simplemente no pueden ganar. La nostalgia se apodera del talento.

El equipo está en el último lugar, con un nuevo mánager, jugadores jóvenes, nuevo jefe y la misma prensa. En cualquier otro año, las respuestas a estas situaciones no se hubiesen hecho esperar: mánager despedido, jugadores bajados, cambios drásticos y multimillonarios, respuestas duras por parte de la gerencia y abucheos en las tribunas. Pues este año es la excepción.

La prensa elogia el trabajo de Girardi con el equipo que tiene. Los fanáticos entienden las lesiones del club y tienen paciencia de que a pesar de estar de últimos, el club se puede recuperar. La voz del “Jefe” no se ha escuchado públicamente, es su hijo Hank quien quiere tratar de parecerse a su padre haciendo declaraciones, pero con pocas acciones.

Incluso el esperado debut, como abridor, del súper prospecto Joba Chamberlain el pasado martes ante Toronto, no fue el esperado, mostrando un joven lanzador nervioso y desconcertado en el montículo.  A pesar de su mediocre actuación, los fanáticos se levantaron de sus asientos para dar una ovación al lanzador que fue reemplazado en la tercera entrada. ¿Alguna vez habían visto a un público aplaudiendo a un lanzador local que lo saquen por descontrol en una tercera entrada?  ¿En Yankee Stadium?

Todo esto forma parte de la magia de la temporada final de Yankee Stadium con todos sus fantasmas. Pareciera que la exigencia y meta del equipo hoy, y por el resto de la temporada, será la nostalgia por el pasado por encima de una lluvia de champaña en octubre.

Saludos desde la distancia.

Leonte Landino es periodista de ESPN international.
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