39 años de la tragedia de La Trinidad
Por Luis Párraga el 13 de Marzo, 2008 en Edición 93, Seguridad
El 16 de marzo de 1969 se estrelló el vuelo de Avensa
El accidente del DC-9 de Viasa cobró 155 vidas entre pasajeros y personas en tierra. Fue, entonces, la peor catástrofe aérea del mundo. Es la más grande de una aerolínea venezolana. Aquí están los ecos de una tragedia.
A las 10:30 de la mañana del 16 de marzo de 1969, sale de Maiquetía el vuelo 742 de Avensa con destino a Miami, haciendo escala en Maracaibo. En la capital zuliana debía recoger más pasajeros y despegar hacia el sur de la Florida.
A las 12:00 del mediodía, el DC-9 de Viasa comienza a rodar por la pista de Grano de Oro hacia lo que sería su destino final: la catástrofe de la Urbanización La Trinidad. El vuelo 742, en su momento, fue la peor catástrofe aérea del mundo y sigue siendo la más grande de una aerolínea venezolana.
Y fue tal el impacto a nivel internacional que “en menos de 24 horas La Trinidad estaba lleno de corresponsales de casi todas partes del mundo, de radio, prensa y televisión, aseguró Héctor Escalante, periodista y hoy profesor universitario, quien narró los hechos el fatídico día.
Testigos presenciales del suceso, revelaron que el avión, comandado por el capitán Emiliano Zabelli Maldonado, tuvo problemas aterrizando en Grano de Oro.
El doctor Rafael Soto, quien se encontraba en la urbaización el día del suceso, contó que “Eddy Claude, instructor de aviación, observaba cuando el avión vino. Parece que tropezó o succionó unas ramas de los árboles que estaban ahí”.
El avión cargó 28 mil libras de combustible (unos 12 mil kilos) para despegar a las 12:00 del mediodía hacia la ciudad de Miami. Ya en la pista, solicita permiso para despegar. La torre de control lo autoriza. Así comienza el último recorrido por tierra que realizaría el YV-C-AVD. Al comenzar la carrera para el despegue, el avión recorrió tres cuartas partes de la pista sin levantar vuelo. Sólo le quedaban 200 metros cuando logró alzar el tren delantero.
Pasa por encima de la avenida Ziruma, a escasos 10 metros. Lo peor estaba por venir. Sobrevuela la La Trinidad, donde se acentúan los problemas. El ala izquierda choca con un poste de iluminación.
Según las investigaciones, y los relatos de la época, más adelante su tanque de combustible, repleto, se rasga con una torre de iluminación de una cancha deportiva de la zona, comenzando a derramar la volátil sustancia sobre las casas y personas que por allí se encontraban. Era el comienzo del fin.
Segundos después, colisiona con un poste de electricidad con dos transformadores, causando una estruendosa explosión. Una de las alas del aparato se desprende y cae sobre una vivienda y arrasando con todos los miembros de una familia que allí estaba. 155 personas fallecieron, entre ocupantes de la nave y habitantes del sector que estaban en tierra.
Las víctimas
Uno de los motores del avión salió expulsado e impactó con la vivienda de Lino Connell, una figura deportiva de la región. Connell no estaba en su residencia. “Escuché en una emisora que se había caído el avión de Viasa en La Trinidad. Traté de entrar a la casa y me dijeron que no, que los hijos míos estaban en el hospital y que la bebé, que tenía tres meses, se la habían llevado a la casa de una prima hermana mía que vivía cerca”, comentó.
Pero la familia Connell no había corrido con suerte. Aunque la bebé de Lino se había salvado, el resto no pudo sobrevivir. “Cuando vi a la niña pensé que los varones también se habían salvado, después me llamó mi hermana y me dijo que no, que estaban en la casa, pero habían fallecido”.
Además de la familia Connell, varias personalidades perdieron la vida en el lamentable accidente. Don Antonio Herrera, propietario del equipo de béisbol Cardenales de Lara, viajaba junto con su hijo a Miami. Ambos murieron.
También Isaías “Látigo” Chávez, lanzador venezolano de las Grandes Ligas, vio truncado su futuro por la tragedia.
Sobrevivientes
El reconocido periodista deportivo Rubén Mijares tenía previsto viajar a la ciudad de Miami ese día. “Mi destino era el Spring Training, y en la agencia me dijeron que no había cupo en ese vuelo. Yo le pregunté por qué y me dijo que un grupo de 39 norteamericanos viajaba de regreso en ese avión”.
La señora María Morales tampoco subió al YV-C-AVD, pero estaba en una situación igual o hasta peor, vivía en La Trinidad. “Eso era terrible, eso era un calor terrible, llantos, gritos, no tenía uno por dónde meterse”, fueron las palabras de Morales sobre el espantoso momento.
Otra que vivió de cerca la tragedia fue Isabel Aguache, quien perdió un hijo ese día. “Salí corriendo y me tiré, y cuando agarré al muchachito ya estaba quemado. Me acuerdo que tenía un vestido y se me pegó todo por las quemadas”, contó, entre lágrimas.
Las causas
Mucho se ha especulado a lo largo de los años sobre lo que pudo causar el accidente. Para la fecha, las herramientas que se tenían para investigar no eran tan sofisticadas como hoy día, por lo que para ese entonces no daba una causa determinante del hecho.
Se rumoraba que la pista de Grano de Oro no tenía a distancia necesaria para el despegue de este tipo de aeronaves. Esa información fue desmentida por expertos que indicaron que la longitud de la pista no era el problema.
Las principales sospechas apuntan a un sobrepeso inminente en el YV-C-AVD, que evitó que se levantara lo suficiente para iniciar su vuelo normal.
Hoy, 39 años después, las causas de la catástrofe siguen siendo un misterio que pareciera que nunca se develará.
PÁRAMO LOS TORRES: UNA GUILLOTINA
Los Andes siempre han significado una amenaza para los pilotos de la aviación venezolana. Y el páramo Los Torres ha sido, desde 1950, escenario repetido de desastres en el país. Casi 100 muertos en tres accidentes aéreos registra esta zona montañosa del estado Trujillo.
El 15 de diciembre de 1950, un DC-3 de Avensa, partió de Mérida con destino a Maiquetía. El avión impactó contra uno de los cerros del páramo dejando 31 víctimas fatales. Este significó el primer accidente en Los Torres. Exactamente 10 años después, otro accidente ocurre en Los Torres. La línea Ransa es víctima de las montañas. 21 personas perecen. El 5 de marzo de 1991 el páramo se “atravesó” otra vez. Fue al DC-9, matrícula YV-23C, que despegó del Aeropuerto La Chinita rumbo a Santa Bárbara del Zulia. El avión desvió su ruta original debido a una serie de hechos que desencadenaron el trágico final del vuelo 108 de Aeropostal. Con 45 fallecidos, la mayor cantidad en la guillotina de Los Torres. En ese vuelo estuvo a punto de embarcarse el actual gobernador Manuel Rosales, quien era concejal, pero a última hora regaló su boleto a un amigo.









Impresionantes las noticias….viejas….
De verdad es vieja la precariedad y la insolvencia con el dominio de los espacios aereos venezolanos por parte de autoridades, incluso desde hace varios años atras.
Cabe destacar, que es obvio, que los adelantos al respecto son sencillamente cero….
Peligro en el aire en Venezuela. Y continuará…que es lo peor…
Jorge Villarroel | Mar 15, 2008 | Responder
Es impresionante revivir sucesos por demás inolvidables como el de Viasa en Maracaibo…Aeropostal en Ls Torres…Avensa en Barquisimeto…Pero siempre en toda reflexión está la pregunta: ¿Es que no nos cansamos de tropezar una y otra vez con la misma Piedra??…Se rodó el Aeropuerto de Maracaibo a las afueras de la ciudad por reglamentaciones obvias de seguridad y ya existen hasta “ciudades Albas” a tan solo pocos kilometros del Terminal aereo…Si bien es cierto que nuestra cantera de pilotos comerciales es de las mejores…también es cierto que nuestra cantera de aviones es de las más viejas…y sopena que en “Caso Negado” se corra el riesgo de otro accidente…vale más que se estrelle una aeronave en el monte…a que lo haga en zonas habitadas…
NO TERMINAMOS DE APRENDER…NI SIQUIERA VIVIENDO LAS PEORES CATÁSTROFES…!!
Ernesto Ríos | Mar 27, 2008 | Responder
la verdad es que….me pongo triste al leer esas noticias, en especial, la del paramo los torres, ya que tuve la oportunidad de conocer al comandante de ese vuelo capt.Orlando Davila, a su copiloto Vicente Calicchio y a una de las auxiliares de vuelo, por cierto,estaba recien casada y embarazada para ese momento. Una tragedia triste que se llevo la vida de unos excelentes profesionales y sus pasajeros. Ojala que accidentes como estos no vuelvan a repetirse nunca. PAZ A SUS ALMAS…
Felix Romero | Mar 29, 2008 | Responder
Para que ustedes vean bicho malo no muere, doy el ejemplo del actual gobernador de Zulia Manuel Rosales, ahi en ese vuelo murieron personas que junto a ellas comparti vivencias como lo fue su comandante Orlando Davila mejor conocido como carne mechada entre nosotros sus compañeros, Alis Vélazquez conocida como la mona gran compañera, Arzolay Varsovia otra de las aeromozas que tambien es bien recordada por los que tuvimos la dicha de compartir, y la mas nueva que estaba recien casada con un piloto muy querido por nosotros y tenia unas semanas de estado de gestacion y no llego a recordar su nombre en estos momentos, y como tambien Vicente Calicchio hijo del fallecido capitan tambien de Aeropostal Vicente Calicchio, el padre fue exelente profecional del aire cuando fallece su hijo Vicente ya su estaba jubilado, que descansen en paz mis queridos y recordados compañeros y siempre velen por nosotros aqui en este mundo y ayudennos en todo momentos, que en estos momentos tengan un lugar previlegiado al lado de nuestro Dios padre todo poderozo…
Jesús León | May 9, 2008 | Responder
Por que no se menciona que el avión de Viasa, alquilado de avensa y con pilotos de avensa debía hacer una escala tecnica en Jamaica, ya que por razones de performance ese avión no podia poner combustible hasta Miami; por cierto uno de los culpables de esa trajedia tambien murió en ese accidente: el despachador de vuelos. Eran dos capitanes y el que le tocaba despegar tenía que demostrar que era mas arrecho que el otro; le dijo al despachador: echale hasta Miami que yo despego esa mierda.
El de Santa Barbara fue otra de invento loco, ese piloto no debió haber salido en esa dirección. Herrores en aviación se pagan con la vida.
Frank. Machado. | Jun 29, 2008 | Responder