Un reencuentro con la fe

La hermosa imagen de la Divina Pastora quedó de pie después de un terremoto en 1812

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Niños, jóvenes y adultos hacen cada año un recorrido de fe junto con su hermosa patrona. Es la figura religiosa que de la mano de Dios ha llenado espacios vacíos en los corazones de los larenses. Sus milagros son la respuesta a la devoción desmesurada de los feligreses. Una equivocación la hizo patrona de Lara.

“Hermosa Virgen de cabellos de oro, a quien el hombre en su dolor implora, tú eres el cielo sin igual tesoro y dulce aliento del que triste llora”.

Llega el 14 de enero, el pueblo larense amanece con una enorme alegría que se manifiesta en las calles. Todos ansiosos porque salga aquella hermosa mujer de largos cabellos. Unos caminarán junto a ella en señal de  agradecimiento por algún milagro cristalizado, otros simplemente en busca paz.

Hay quienes afirman que esta procesión mariana es una de las más visitadas de Venezuela y una de las más extraordinarias de Latinoamérica. Los larenses hicieron suya a esta venerable pastora, y es por esto que desde hace 151 años los feligreses acompañan a la Virgen desde la población de Santa Rosa hasta la Catedral Metropolitana, en un recorrido de amor, nobleza y esperanza, de aproximadamente 8 mil kilómetros.

Misticismo
La devoción por su imagen se apoderó del mundo hace más de 300 años. Fue el predicador Fray Isidoro de Sevilla quien la comenzó a idolatrar bajo la advocación de la Divina Pastora de las almas. La veneración hacia la virgen fue tomando fuerza en España y eso dio pie a que se extendiera a América hasta llegar a Colombia y a la isla de Trinidad.

Era 1706. En Caracas, una feligresía esperaba esta hermosa advocación de la Virgen María para adorarla. El fervor tuvo cabida entre los indios de los llanos y los gayones de Santa Rosa, en Barquisimeto. Hasta que en la actualidad las fiestas patronales de la Divina Pastora son una de las más coloridas y concurridas del país.

La casa divina
La adorada imagen de esta advocación mariana se encuentra en la iglesia de Santa Rosa, una población que se encuentra en la entrada de Barquisimeto.

Corría 1736. El párroco de la iglesia de Santa Rosa, Sebastián Bernal, encargó la elaboración de la Inmaculada Concepción, pero ocurrió lo inesperado, pues llegaría la imagen de la Divina Pastora. Esta equivocación les hizo pensar que la milagrosa imagen había llegado para quedarse. La señal providencial fue inminente, y la devoción creció como un río que hoy se desborda.

De sus milagros
Un terrible terremoto destruyó el templo de la Pastora, en 1812. Entre las ruinas, una imagen intacta y más hermosa que nunca había quedado de pie. Sus devotos se convencieron de que ese día la imagen divina había decidido quedarse para siempre entre ellos. Pero fue en 1855 cuando la Divina Pastora se apoderó del trono del estado Lara. Una implacable epidemia de cólera se desató en Barquisimeto ese año.

Este mal se había apoderado de Lara. Un sacrificio del padre Macario Yépez marcó el fin de esta enfermedad, pues ofreció su vida a la virgen como última víctima de la crueldad de aquella cólera: “Yo soy el buen pastor que da la vida por las ovejas, ellas me conocen y yo las conozco”. La historia cuenta que meses después el cura murió y la epidemia se erradicó de la ciudad, aunque hay quienes afirman que desapareció el mismo día de la petición. Este sacrificio público ocurrió el 14 de enero de 1856, por eso todos los años se celebra en esta fecha la procesión de la Divina Pastora, una de las festividades religiosas más coloridas y llenas de fe del país.

Un fervor que se perpetúa
Todos los años devotos de todas partes de Venezuela acuden a la casa de la imagen divida diciendo: “¡Oh, medianera nuestra María!, bajo la advocación de la Divina Pastora, madre de Dios y madre de la Iglesia, intercede por nosotros ante Jesucristo tu Hijo, para que me conceda la gracia que en este momento pido con fe y humildad de corazón”.

Entre la multitud se dejan ver caras sonrientes y radiantes de agradecimiento. Miles de corazones, que no encontraban un rumbo, ahora sienten que la protección de Dios arropó con su manto a través de una de las figuras más hermosas de su reino.

Pasarán años, o probablemente siglos, y la devoción se extenderá a las siguientes generaciones. Por eso, la adoración a la Divina Pastora es una de las muestras de fe más grandes y sólidas de este país.

Monseñor Antonio López
“Pido a la virgen por la paz en Venezuela”

Él es una autoridad eclesiástica. El arzobispo de la arquidiócesis de Barquisimeto, Antonio López Castillo (en la foto), quiso compartir con Versión Final el significado de las ferias de la Divina Pastora.“Estas festividades son muy hermosas, miles de feligreses caminan en oración desde Santa Rosa hasta la Catedral, eso es alrededor de 8 kilómetros”, dijo el prelado zuliano, hasta diciembre obispo de Guárico.

Su experiencia como religioso le ha permitido ver diferentes manifestaciones de fe. “Estoy muy contento de poder estar cerca de la Divina Pastora. Este año le pediré que reine la paz en Venezuela”, dijo.

El ex arzobispo de Barquisimeto, Tulio Manuel Chirivella,  quien desde hace varios años encabezaba los actos eclesiásticos en Barquisimeto, agregó que hay penitencias que son crueles contra quien se las auto impone: “Estos sacrificios hay que verlos, la otra vez vi a una señora caminando de rodillas y pasando la lengua contra el piso, me le acerqué y le dije que le iba a cambiar de petición, ella se resistió, pero al final tuvo que aceptar. Este tipo de penitencias atentan contra la salud. El problema es que la gente se impone sacrificios en agradecimiento y no son consultados”.

El amor por la excelsa patrona es evidente. Chirivella afirma que: “Yo no le pido nada, pues acepto de corazón los beneficios que la Virgen quiera otorgarme. Lo más importante es la reconciliación nacional, que entendamos como hermanos”.

“Quisiera invitarlos a que participen en este acto religioso con espíritu de oración y de caridad y que la santísima virgen los bendiga y los cautive”

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