Una zuliana en el infierno iraquí
Por Raúl Semprún el 12 de Octubre, 2007 en Exclusivas
Silvia Martínez narra sus vivencias como parte del Ejército estadounidense en Iraq (1)

En agosto de 2005 llegó a Mosul. Estuvo asentada además en una base en Tikrit, donde nació Hussein. Allí fue la responsable de la purificación del agua para consumo de las tropas. “Los niños iraquíes apuntan a los militares con palos, como si fueran a disparar un rifle”. Versión Final les ofrece su testimonio.
“Yo pertenecí a la 305th Quartermaster Company, unidad del US Army que en 2005 se movilizó a Iraq para fortalecer el área de soporte logístico para las tropas. Antes, serví dos años en Corea del Sur, y gracias al Ejército conocí Hawaii, España, Alemania, Holanda, Bahamas, los Emiratos Árabes, Kuwait, y numerosos estados de los Estados Unidos.
Me avisaron que iría a Iraq en los primeros días de agosto. Yo era sargento y estaba en Corea. Me molesté un poco. Creía que sólo eran rumores y me preparaba para ir a una base de Virginia, en Estados Unidos, para ser instructora de reclutas nuevos. Tenía todo empacado cuando me dijeron que me preparara…
Salimos de una base de la Fuerza Aérea. Hubo una larga espera antes de montarnos en el avión, pero luego nos hicieron una ceremonia, generales y coroneles, con una banda y todo. Yo tenía a cargo la contabilidad de las armas y los equipos especiales que iban en el avión, pero al montarnos bajaron la escalera y todos los jefes se pararon en línea, a lo largo de la alfombra roja que daba al principio de las escaleras.
A medida que cada uno pasaba nos daba la mano y nos deseaba suerte. Yo fui una de las últimas en montarme porque estaba guardando los equipos, y cuando me dieron la mano para despedirse, uno de los generales tenía una moneda de apreciación y me la dio. Esas monedas son como premios. Yo me alegré.
El viaje fue muy pesado. Hicimos escala en Kuwait, allí esperamos varios días y partimos después. En el trayecto me decía: ¿me irán a disparar apenas llegue? El primer lugar de Iraq que pisé fue Mosul, a 350 kilómetros al noroeste de Bagdad, a orillas del río Tigris. Allí se comercian granos, frutas, ganado y lana. Todo era plano y rara vez veías vegetación. La neblina de arena era muy común (sin lentes no podías ver por la tierra en los ojos). Me llamó la atención que una mezquita está dedicada al profeta Jonás, que, según se dice, fue sepultado allí.
Cuando llegamos había gente esperándonos (los que íbamos a reemplazar). Tenían todo listo para irse. Al principio, algunos dormían en un edificio con forma de huevo gigante, pero sin paredes ni nada. Los demás dormíamos en “cots” (camitas de tela). Eso fue sólo los dos primeros meses, después nos dieron cuarticos para tres. Fue incómodo, nos bañábamos en una ducha portátil. Había que caminar en la oscuridad en chancletas para bañarse, temerosos de que nos picara un animal. En Mosul nunca nos atacaron.
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Siempre estuve de arriba a abajo, yendo en helicópteros o en convoys para las misiones. Yo era la especialista en el proceso de “Reverse Osmosis”, es decir, velaba porque las fuentes de agua para el consumo fueran purificadas. Y como era experta en armamento, también estaba a cargo del mantenimiento de las armas de la compañía. Tenía seis soldados de los que era responsable, de entrenarlos y enseñarles todo.
Cuatro meses estuve asentada en Mosul, luego en diciembre me enviaron a una base en Tikrit, el pueblo natal de Hussein, que queda a 140 kilómetros al noroeste de Bagdad sobre el Tigris, río al que debe su nombre. Tiene unos cien mil habitantes. Ahí estuve a cargo de un equipo pequeño para proveerle agua a un batallón.
Cuentan que en los más de 30 años en los que Sadam mantuvo el control efectivo del país, Tikrit prosperó hasta el punto de disponer de los mejores hospitales, carreteras y mezquitas, además de un parque de atracciones. Tikrit fue el último reducto de Sadam en ser tomado, y eso nos llenó de mucha expectativa.
La base en la que estábamos tenía muchos árboles y monte, la tierra era hasta diferente. En diciembre hacía tanto frío que de noche teníamos que vaciar el agua de todos los equipos (de purificar) porque si no en la mañana estarían congelados y no podríamos trabajar. Allí llovía mucho, era barro por todos lados.
A mí me tocaba montarme en helicópteros de vez en cuando para ir donde estaban los otros equipos haciendo misiones. Cuando se les dañaban las máquinas acudía para ver qué tenían y arreglarlas. Gracias a Dios nunca me atacaron.
Un día, de repente oigo un desastre, y llega uno de mis amigos latinos a decirme que estaban por ir a la ciudad a buscar a un iraquí que puso una bomba en una de las calles, y el comandante de ellos le pasó por encima con su Hummer y le explotó en toda la puerta. Salió todo el batallón a la ciudad para buscar al hombre en todas las casas hasta que lo encontraron. Vi como pusieron al comandante en una camilla con la bolsa cerrada, lo montaron en el helicóptero y se lo llevaron…
Ese fue el episodio más duro que viví. Mi comandante era una mujer y nos protegía mucho. A mí prácticamente no me dejaba salir con la infantería. En mi unidad, en el año que estuve en Iraq, nadie murió. Una imagen que no logro sacarme de la mente tiene que ver con los niños iraquíes. Afortunadamente no vi morir ninguno, pero me llamó la atención su mirada. Vi a varios apuntándome con palos de madera, como si fueran rifles, cuando manejábamos entre ciudades con los convoys…
Tras marcharme, luego de un año, salí del US Army. Fueron cuatro años intensos, pero felices. En el Ejército me formé y siempre le sacaré provecho. Hoy, un año después sigo en Iraq. Trabajo para la subcontratista KBR. Aquí gano más y me dedico a la purificación de agua para las bases militares. Cerca de donde estoy atacan a cada rato, pero no he estado en contacto directo con algún incidente.
Por acá siempre caen bombas. Yo estoy en un cuarto tipo tráiler, y están organizados en filas y columnas. Hay un montón de columnas. Yo vivo en la 29, y una vez cayó una bomba en la 58 y destruyó como tres tráilers donde vivía gente. Sé que muchos deben pensar que muero de miedo, pero no. Me gustan las cosas extremas. Aquí vemos las cosas así: el día final te va a llegar estés donde estés, hagas lo que hagas. Es cuando Dios lo decida”.
Continuará…
HOJA DE VIDA
Nombre: Silvia Martínez Nesti.
Fecha de nacimiento: 26 de Agosto, 1984.
Nombre de sus padres: José Miguel Martínez y Betty Nesti.
Hermanos: Javier y David Martínez.
Lugar de nacimiento: Maracaibo, Zulia. Venezuela.
Lugar de residencia en Venezuela: Edificio Iana, calle 71 entre avenidas 12 y 13 (al lado del Colegio San Francisco de Asis), Maracaibo.
Mudanza a los Estados Unidos: 31 de Julio, 2001.
Estado Civil: Soltera.
Educación: Colegio San Francisco de Asis. Terminó cuarto año antes de mudarse.
ANÉCDOTA
“La arquitectura de Bagdad me impresionó”“Bagdad era muy diferente a lo que me imaginaba, su arquitectura… Había matas de palmas por todos lados y tierra (parecía la playa sin agua), y muchos caminitos de río por todos lados. La ciudad que había construido Saddam era muy interesante (o lo que queda de ella). Él construyó un lago grande con varias islitas dentro, con toda la tierra que sacó de ahí hizo una montaña, desde donde si te paras en el pico puedes ver toda la ciudad (impresionante, cuando me monté vi algo a lo lejos incendiado y todo el humo, como que era una bomba) y todo lo que construyó alrededor del lago (todo esto está ahora habitado y controlado por el Ejército).
Alrededor del lago levantó un montón de palacios y edificios arrechos y raros, por ejemplo, uno de los palacios lo llamamos el “Flinstones Palace” que hizo únicamente para que sus nietos o hijos jugaran, parece sacado de la caricatura de los Picapiedras (literalmente). Era una construcción grande. Desde el tope había una fuente que sacaba agua del lago y la hacía correr por su estructura constantemente. La estructura tenía como cinco niveles y laberintos de agua y alfombra, con cuartos reales escondidos y toboganes de agua y matas de palma por todos lados. Es impresionante, yo me subí hasta la parte más alta y me acosté mirando hacia al lago a sentir la brisa con los ojos cerrados…
Del otro lado del lago, en frente de mí, había un palacio gigante que Sadam supuestamente construyó por la guerra contra los US (como que él construía un palacio por cada guerra que ganaba contra otro país, por ejemplo, tiene uno por la guerra con Kuwait). El palacio estaba sin terminar. Todavía tenía los tractores ahí parados. Fue el primer edificio bombardeado. Tiene una de las esquinas de arriba con tremendo hueco. También había otro palacio en la orilla del lago que lo llaman el “Perfume Palace”, donde tenía a todas sus esposas y mujeres, frente a ese palacio en una islita dentro del lago había una casita que de vaina cabía en la isla, donde supuestamente él ponía a las mujeres que no “performaban bien” y las dejaba ahí a morir (bueno así cuentan los soldados). Y bueno, muchas estructuras impresionantes y tierra fértil con frutas creciendo por todos lados, todo esto en una ciudad que puedes caminar a pie, ocupada por el Ejército ahora…”.




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